Protagonista en el oasis futbolístico diseñado por Jorge Valdano y Ángel Cappa en el Tenerife en la década de los noventa, compartió vestuario en la Bombonera con el último Diego Maradona. Diego Latorre (Buenos Aires, 1969) es hoy un comentarista audaz, el de mayor prestigio en la televisión latinoamericana.
Texto Ignacio Fusco | Fotografía Agencias
Algo que haces en tus análisis. Nos pasamos más de 30 años de televisión escuchando comentaristas que sólo describían lo que estábamos viendo, la repetición, y en la última década apareciste, que no explicas el fútbol desde las jugadas sino como un todo, como lo que es. Cómo el movimiento de un jugador afecta al de otro, cómo un rendimiento se debe a infinidad de factores. Intentas explicar esa condición mutante que tienen los equipos.
Cualquier comentarista tiene dos tareas: detectar qué es lo que sucede, qué es lo que estamos viendo en ese momento es una, y la otra, explicar el porqué. Había una serie de frases instaladas que no eran ciertas, frases que le servían al sistema. “Al equipo se lo ve mal físicamente”, escuchábamos sobre un equipo que per¬día 2-0 a 15 minutos del final, una sentencia que individualizaba la culpa, porque se mataba al preparador físico y bueno, listo, no había más nada que pensar. Eso: reducíamos algo complejo al lugar común. No sé, yo jamás vi que se cansara un equipo que va ganando, al contrario, parece que corre más. Pero bueno, era parte de la subestimación: le decíamos al público que no tenía piernas el mismo tipo que la semana pasada había corrido hasta el final. Es algo muy peligroso la subestimación.
¿En qué cambió el fútbol después de Pep?
En que empezamos a buscar, y eso es intangible. Nunca hubo este grado de preguntas sobre el juego: cómo hacemos para tener la pelota en 40 metros cuando hay 20 jugadores ahí, cuál es el antídoto para desactivar la presión arriba sin alejarme de mis parámetros de juego, cómo hago para que la habilidad de tal jugador prevalezca, cómo lo hago formar parte de un engra¬naje sin que pierda su poder. Guardiola discutió los moldes del fútbol, los rompió. Había unas reglas bastante estrechas y de repente vino alguien y las rompió, ¿entendés?
¿Qué reglas?
Que el 10 gambeteaba, el 9 hacía goles, se jugaba en el medio con cuatro o con tres, y no mucho más. El fútbol era, no sé, más elemental. Aquello de que el fútbol es simple, que juegan los jugadores (aunque sean siempre los que mandan y deciden), yo no sé si ahora es tan así. Estamos profundizando en el juego, estamos innovando, hemos entendido algo vital: que el fútbol es un todo. Que la emoción y la táctica van juntas, que la emoción se conecta con lo físico, que todo está relacionado, sin olvidar, jamás, el impulso, el sentimiento. Porque al fútbol lo mueve el sentimiento. El fútbol es sentimiento.
Y creatividad.
Creatividad e imaginación. Ante todo, siempre, imaginación.
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